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¿Cómo perdonará Ucrania? “No porque sea tan valiente o tan bueno”

Ucrania guerra

Kharaim Pavlo | Shutterstock

John Burger - publicado el 20/03/24

El perdón está en el centro de la vida cristiana. A veces es tan difícil como perdonar al que invadió tu país

Esta es la última parte de una serie sobre la fe de los cristianos en Ucrania. El artículo de hoy se centra en el perdón. Puedes leer la primera parte (oración), la segunda parte (palabra) y la tercera parte (sacramentos) haciendo clic en los enlaces.

Fue el periodista del New York Times, Thomas L. Friedman, quien acuñó la frase: “Dios siempre perdona. El hombre perdona a menudo. La naturaleza nunca perdona”.

El perdón está en el corazón de lo que significa ser cristiano. No solo buscamos el perdón; también se espera que lo concedamos.

Debería quedar claro cada vez que rezamos el Padrenuestro: “Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Cristo enseñó que ser perdonado está muy ligado a cómo perdonamos a los demás. Basta con echar un vistazo a la Parábola del Siervo Despiadado en Mateo 18, 23-31.

Así que, si queremos ser fieles, debemos pasar de “perdonar a menudo” -como menciona Friedman- a perdonar como Dios, que “perdona siempre”. Después de todo, decimos que intentamos parecernos más a Cristo. Para muchos cristianos, ese es un objetivo de nuestra disciplina cuaresmal.

Obviamente, hay ofensas que parecen imposibles de perdonar, como cuando alguien mata a un ser querido. Nos impresionamos cuando oímos que alguien perdona una ofensa así, como lo que ocurrió en 2015, cuando un hombre armado acabó con la vida de nueve personas en la Iglesia Episcopal Metodista Africana Emanuel de Charleston (Carolina del Sur). Uno a uno, los familiares de los asesinados se levantaron ante el tribunal y le dijeron al joven: “Te perdono”.

¿Cómo se puede perdonar a un invasor?

Esta Cuaresma parece inundarnos de noticias de todo el mundo sobre conflictos que enfrentan a vecinos, guerras que desgarran países, sufrimientos infligidos a inocentes. De Ucrania nos llegan numerosos ejemplos de atrocidades que parecen imperdonables.

Y, sin embargo, Ucrania es una nación cristiana en más de un 80%. Cuando, si Dios quiere, las armas callen, muchas personas se enfrentarán a preguntas como: “¿Podemos perdonar a Rusia por invadirnos? ¿Puedo perdonar a los soldados que torturaron y mataron a mi hijo, o que violaron a mi hija?”

Preguntado por estas perspectivas, el jefe de la Iglesia greco-católica ucraniana reflexionó sobre el modo en que los ucranianos podrían abordar el perdón. Es algo muy real para sus compatriotas, y merece la pena tenerlo en cuenta, ya que Su Beatitud Sviatoslav Shevchuk ha determinado que su Iglesia estará muy implicada en la curación de las heridas de la guerra. Los expertos han demostrado que el perdón es una parte importante de la curación.

“La reconciliación viene en primer lugar de tu reconciliación personal con Dios”, dijo Su Beatitud Sviatoslav en una entrevista con Aleteia. “Te perdono no porque sea tan valiente, tan bueno. No, te perdono porque ya fui perdonado antes. Así que para poder perdonar, tienes que experimentar el perdón”.

El patriarca señaló que el apóstol san Pablo se consideraba a sí mismo un mensajero de la reconciliación. “Y comenzó con una llamada a reconciliarse con Dios. Ese es el mensaje que llevaba como primero y fundamental a aquellos a quienes predicaba el Evangelio de Jesucristo: Amados, reconciliaos con Dios”, dijo Su Beatitud.

Sea cual sea el resultado de un eventual acuerdo de paz entre Ucrania y Rusia, lo que se necesita en la base de todo es una “reconciliación de los corazones” y el “restablecimiento y la curación de las relaciones humanas”, afirma Sviatoslav. “No es un proceso fácil”.

Está relacionado con la superación del trauma de la guerra, que una abrumadora parte de la población ha sufrido y que “probablemente nos marcará durante décadas en el futuro”.

Diálogo, investigación y justicia

La reconciliación y el perdón entre naciones es un largo proceso de curación, afirma, que implica abrir un diálogo de la verdad, investigar los crímenes de guerra y hacer justicia a las víctimas.

“Tenemos que reparar el daño que nos hemos hecho unos a otros”, dijo. “Sólo entonces, como fruto de la curación, de la restauración [de las relaciones humanas], podremos hablar de un auténtico perdón”.

“Tenemos que rezar; tenemos que trabajar duro”, dijo. “Creo que la noción misma de perdón y reconciliación es algo profunda y auténticamente cristiano. Nosotros, como cristianos, no podemos perdernos este importante mensaje del apóstol Pablo de ser un pueblo de paz y reconciliación con Dios y con nuestro prójimo”.

La Cuaresma es un tiempo de “guerra espiritual”, y mientras buscamos el perdón por nuestros fallos, estamos llamados a perdonar a quienes nos han fallado y ofendido. Puede ser útil recordar que aquellos a quienes estamos llamados a perdonar también están librando sus propias batallas espirituales.

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