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Haití: la misión imposible del obispo de Puerto Príncipe

HAITI-GANGS-AFP

clarens SIFFROY / AFP

Des Haïtiens marchant devant le tribunal de Port-au-Prince incendié par des gangs, 6 mars 2024.

Agnès Pinard Legry - Majo Frias - publicado el 08/03/24

Secuestros, actos de vandalismo, saqueos, enfrentamientos múltiples, detenciones arbitrarias... Haití ha vivido un recrudecimiento de la violencia y la inseguridad en las últimas semanas.

Haití sufre la amenaza de una guerra civil. El 3 de marzo, el gobierno haitiano declaró estado de emergencia después de que bandas armadas irrumpieran en la prisión nacional de Puerto Príncipe. El equipamiento y grado de organización de estos grupos armados hace que la policía sea incapaz de detenerlas.

El Consejo de Seguridad de la ONU ha advertido recientemente de la “crítica” situación de Haití, donde el líder de una banda ha amenazado con desencadenar una “guerra civil” si no dimite el Primer Ministro, Ariel Henry, sometido a crecientes presiones.

La Iglesia en el punto de mira

En lo que va del 2024 han sido secuestrados dos sacerdotes y 12 religiosos y religiosas.

Mons. Max Leroy Mésidor, Arzobispo Metropolitano de Puerto Príncipe y Presidente de la Conferencia Episcopal Haitiana, compartió su preocupación con Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) el jueves 7 de marzo. “Todo el mundo tiene miedo, incluso los religiosos. En cuanto salimos a Puerto Príncipe, corremos peligro”, explicó.

“El seminario está en una zona donde hay muchos tiroteos y enfrentamientos. Las bandas llegan a entrar en las iglesias para secuestrar a la gente. Algunas parroquias están cerradas porque los sacerdotes han tenido que marcharse. La semana pasada, un sacerdote tuvo que marcharse con algunos fieles; caminaron durante 15 horas”.

Al entrar en su sexto año como obispo de Puerto Príncipe, Mons. Max Leroy Mésidor explica que hasta ahora no ha podido “realizar ni una cuarta parte de lo que quería hacer, porque nos enfrentamos al día a día, un día hecho de sufrimiento, violencia, disparos, pobreza y privaciones”.

Actualmente no puede visitar dos tercios de su diócesis porque el acceso está bloqueado. Para llegar al sur de la diócesis, tiene que coger un avión. “Una vez, cuando estaba en mi oficina, hubo muchos disparos y tuve que esperar cuatro horas antes de poder salir a celebrar Misa”, continúa. “Las balas impactaron en la ventana de mi despacho. La última Misa que pude celebrar en la catedral fue la Misa Crismal. Estaba llena, con 150 sacerdotes, muchos religiosos y fieles. Pero desde el Agnus Dei hasta el final de la celebración, hubo disparos justo al lado; se podía ver el humo elevarse muy cerca de nosotros. Desde entonces, no he podido volver a la catedral ni a la arquidiócesis”.

Las bandas llegan incluso a entrar en las iglesias para secuestrar a la gente”.

El fortalecimiento de la fe en momentos críticos

El caos crece cada vez más en Haití, en donde cada vez es más difícil hacer vida; a consecuencia, las actividades pastorales también se ven gravemente afectadas.

Sin embargo, los fieles, religiosos y sacerdotes se mantienen fieles a su misión y desafían los peligros a la hora de vivir su fe. “Los seminaristas y los catequistas quieren cumplir una misión, y por eso aguantan y se quedan aquí”, explica el obispo.

Cuenta que, con tal de recibir un poco de formación y de participar en las actividades parroquiales, arriesgan su vida. “Aunque el día anterior haya tiroteos en el barrio, al día siguiente, a las seis de la mañana, la iglesia está llena. Y hay personas que, pese al peligro, salen a visitar a los enfermos”.

“Nosotros, los obispos, intentamos trabajar juntos y dar testimonio juntos. No es fácil, pero tenemos que aceptar nuestra cruz para seguir a Cristo, especialmente durante este tiempo de Cuaresma. Resistir y confiar en las oraciones y la solidaridad de la gente”, confiesa.

A pesar de todo, Mons. Max Leroy Mésidor asegura: “Nuestro pueblo es un pueblo que quiere vivir. Son un pueblo que, en el sufrimiento, demuestra resiliencia”.

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