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Jon Fosse: resplandor espiritual en la literatura

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Markus Wissmann | Shutterstock

José Ángel Barrueco - publicado el 15/02/24

‘Melancolía’ y ‘Blancura’, dos de las obras del Premio Nobel de Literatura 2023, Jon Fosse, católico converso que ve la literatura como una plegaria y confesión

Cuando se anunció que Jon Fosse, escritor noruego de sobrado prestigio en pequeños círculos literarios, acababa de obtener el Premio Nobel de Literatura de 2023, enseguida llamó la atención que fuese un católico converso. Esto, suponemos, hizo mirar su obra con otra luz por parte de quienes no lo habían leído. 

Antes del galardón, en España la editorial De Conatus había publicado varias de sus novelas, recopiladas luego en dos tomos titulados Trilogía y Septología. En Emecé tradujeron hace años su Melancolía, pero ya no estaba disponible: agotada y/o descatalogada. En cuanto le concedieron el Nobel, en Random House rescataron esa traducción y han sacado a la venta, además de la mencionada Melancolía en una estupenda edición, su breve novela o relato largo Blancura, y pronto publicarán Ales junto a la hoguera y Escenas de una infancia. En Nórdica han editado otro de esos relatos cortos, Mañana y tarde, mientras en Sexto Piso acaban de traducir un primer volumen de su Poesía. También están disponibles varias de sus piezas dramáticas en distintas editoriales especializadas en teatro. 

Aquí hemos leído, de momento, Blancura y Melancolía, que además de ser dos formidables obras, interesarán mucho a los lectores católicos porque en ellas el autor deja algunas pistas de su conversión, de su descubrimiento.

Melancolía: retrato de un pintor loco y real

Melancolía contiene dos libros en uno, como enseguida veremos. Aunque escritos unos años antes de su conversión al catolicismo en 2012, aquí ya hay una crisis, una preocupación por la fe, con personajes que quieren bautizarse o hablar con sacerdotes. 

En la primera parte del primer volumen, que transcurre en 1853, Jon Fosse da voz al pensamiento desquiciado y repetitivo de Lars Hertervig, un pintor danés que existió de verdad. A la manera del protagonista de Hambre (novela de Knut Hamsun) -que deambulaba medio loco por las calles- pero escrito mediante el despliegue narrativo de Thomas Bernhard y con homenajes a Samuel Beckett y sus personajes obsesivos y disparatados, Fosse se introduce en sus pensamientos ansiosos, paranoides y repletos de alucinaciones. Lars se aloja en una pensión y está enamorado de la joven hija de la dueña: por este motivo quieren echarlo de allí. Ha viajado a Düsseldorf para recibir clases de arte y perfeccionar su técnica pictórica. Mira a los demás pintores con afán de superioridad.  

En el siguiente apartado, Lars reside en un manicomio y estamos en otro año. Al llegar la tercera parte, saltamos a los años 90 y Fosse introduce a su álter ego, Vidme, un escritor que quiere contar en un libro la historia de Hertervig pero antes necesita hablar con un sacerdote. Quiere decirle que antes no creía y ahora sospecha que sí. Duda. Su sorpresa es que el clérigo es una mujer, Maria. Entre las páginas 260 y 261 tienen lugar algunos de los diálogos más interesantes sobre el tema religioso: “En cierto modo es un error decir que uno cree o no cree en Dios, puesto que todos, en cierto modo, existimos para que Dios sea Dios, dice entonces Vidme”. Un poco después Vidme y Maria dicen:

“Al fin y al cabo, lo importante en el cristianismo es que Dios fue hombre a través de Jesús y que podemos alcanzar la salvación a través de él, dice Maria. 

¿Qué significa eso?

Salvación significa llegar a Dios. Ser Dios, tal vez dirías tú”.

La segunda parte de la novela retrocede al pasado para ponernos en el punto de vista de una de las hermanas de Hertervig. Ellos y sus hermanos tuvieron un padre que les negó la religión y en un punto crucial de sus vidas quisieron convertirse. En la página 336, la mujer dice: “Y yo y Lars nos miramos con cautela, juntos hemos decidido recibir el bautismo y la confirmación y acabamos de empezar la catequesis, pero ninguno de nosotros se ha atrevido todavía a decírselo a padre”.

Blancura: un hombre perdido en la nieve y en la noche

Blancura, publicado en su idioma en 2023, es un relato largo sobre un hombre, el narrador, que una noche decide subirse al coche y circular sin rumbo. Por tedio. Al final las ruedas se le atascan y se encuentra en un camino forestal, solo, indefenso, mirando hacia el bosque y notando cómo cae la nieve. El narrador dice, en la página 66: “Quiero que haya un silencio total, quiero escuchar el silencio. Porque es en el silencio donde puede oírse a Dios. Por lo menos así lo expresó alguien una vez, pero yo desde luego no oigo la voz de Dios, lo único que oigo es, en fin, la nada”. Pero en esa nada ve siluetas, de la primera no sabe si es un ángel o una alucinación. Siluetas y resplandores.  

Todo el texto posee la ambigüedad suficiente para que cada lector saque sus propias conclusiones. ¿Está en una especie de limbo o de camino al Cielo? ¿Lo que ve es real pero su mente ya está trastornada por el frío y la desorientación? ¿O es que se está muriendo y ve la luz y las personas que le acompañarán en el tránsito? Tengo mi propia interpretación. Me la reservo para no influir en quienes no lo hayan leído aún. En alguna parte Fosse admitía que para él, la literatura es una plegaria y una confesión. 

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