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El pueblo cubano recibe una inusual invitación

CUBA

Arzobispado de Santiago de Cuba

Macky Arenas - publicado el 27/06/23

Los restos mortales del recordado y querido arzobispo monseñor Pedro Claro Meurice Estiú serán reinhumados en la Santa Basílica Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Cuba

Para el desconsuelo del sufrido pueblo cubano, el gran pastor de la Iglesia cubana monseñor Pedro Meurice, falleció el día 21 de julio de 2011. La triste noticia recorrió los cuatro puntos cardinales de la Iglesia en la isla y de cada país donde residen cubanos.

Especialmente repicaron las campanas en todas las parroquias de Santiago de Cuba, donde el valiente prelado dijo ante miles de fieles presentes en la misa de 1998, con ocasión de la visita del Papa Juan Pablo II:

«Santo Padre: Cuba es un pueblo que tiene una entrañable vocación a la solidaridad, pero a lo largo de su historia, ha visto desarticulado o encallados los espacios de asociación y participación de la sociedad civil, de modo que le presento el alma de una nación que anhela reconstruir la fraternidad a base de libertad y solidaridad».

El «show robado»

Fue un discurso valiente, muy valiente. Los cubanos sintieron que era la voz de cada uno de ellos la que hablaba al pontífice. Sus palabras al papa Juan Pablo II fueron: «Deseo presentar en esta Eucaristía a todos aquellos cubanos y santiagueros que no encuentran sentido a sus vidas, que no han podido optar y desarrollar un proyecto de vida por causa de un camino de despersonalización que es fruto del paternalismo».

Y siguió: «Un número creciente de cubanos han confundido la patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología», dijo sin vacilar aún sabiendo que las autoridades del régimen estaban presentes.

Santiago de Cuba es un lugar emblemático pues allí se encuentra la basílica dedicada a la Madre de todos, a la patrona, Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Todavía retumban allí las palabras de monseñor Meurice.

El obispo no se guardó nada: «Hay otra realidad que debo presentarle: la nación vive aquí y vive en la diáspora. El cubano sufre, vive y espera aquí y también sufre, vive y espera allá afuera. Somos un único pueblo que, navegando a trancos sobre todos los mares, seguimos buscando la unidad que no será nunca fruto de la uniformidad sino de un alma común y compartida a partir de la diversidad».

No suele haber sorpresas durante la visita de un Papa, pero cuentan que monseñor Meurice no aceptó dar a conocer sus palabras sino hasta que las dijera en el lugar y momento precisos. En semejante régimen corría el riesgo de ser censurado y hasta silenciado. Fue por esa razón que su mensaje impactó por su coraje y dejó de una pieza hasta al mismísimo Papa. 

Las palabras del obispo santiaguero ocuparon las portadas de la prensa internacional. De hecho, algún diario tituló al día siguiente con esta pregunta: «¿Por qué monseñor Pedro Meurice le ‘robó el show’ a Juan Pablo II en Cuba?».

Una deuda

No todos saben – aunque fue relatado por Orlando Márquez, quien fue durante 25 años el portavoz del Arzobispado de La Habana- que monseñor Meurice tenía una deuda y con ese discurso la saldó. Una deuda con su predecesor, monseñor Enrique Pérez Serantes, un jesuita cercano a la familia de los Castro por amistad con el padre, pero que luego fue humillado por el régimen. Ese obispo fue conocido por haber intercedido junto al cardenal Manuel Arteaga para salvar a los sobrevivientes del ataque al cuartel Moncada, entre ellos el propio Fidel Castro. Ironías del destino y medida de la perversidad de estos seres.

Meurice habría revelado: «Se lo debía a monseñor Pérez Serantes. Cuando estaba ya enfermo y cercano a la muerte me dijo: ‘Muero en silencio, como un perro’», según el testimonio de Márquez en un texto publicado en la revista OtraPalabra.

Sobre Pérez Serantes, el exportavoz del Arzobispado de La Habana escribió: «Amó a Cuba como el que más, y se entregó en cuerpo y alma al servicio del país según su condición. Pastor celoso de la Iglesia y de su pueblo, no escatimó tiempo ni energía en denunciar o llamar la atención sobre los males que aquejaban a la sociedad, o para alentar lo que estaba bien». 

Monseñor Meurice honró su deuda con ese gesto de coraje en un inmejorable escenario.

Un santiaguero hostigado

Monseór Pedro Meurice Estíu nació en Santiago de Cuba en 1932. Fue ordenado sacerdote el 26 de junio de 1955. Estudio en España y Derecho Canónico en la Pontificia Universidad Gregoriana en Roma (Italia).

Fue designado obispo auxiliar de Santiago de Cuba el 1 de julio de 1967 y recibió la ordenación episcopal el 30 de agosto de ese mismo año. El 4 de julio de 1970 fue promovido a Arzobispo titular de Santiago de Cuba. Estuvo al frente de la diócesis primada de Cuba durante 41 años.

Vale recordar que las palabras de Meurice el 24 de enero de 1998 cayeron tan mal a las autoridades que posteriormente fue hostigado de diversas formas y recibió trabas y negativas ante cualquier gestión. Le hicieron la vida de cuadritos. También, en ocasiones, ponían a desfilar a la conga de Santiago de Cuba por delante de la catedral cuando él oficiaba misa, un recurso muy utilizado por los dictadores bananeros para molestar a la Iglesia. En Venezuela hay varios ejemplos de ello.

Incluso Fidel Castro – en su indignación- llegó a acusar a monseñor Meurice en 1999 de conspirar para sabotear la Cumbre Iberoamericana de La Habana, a lo cual respondió de inmediato el cardenalJaime Ortega desmintiéndolo públicamente y dando su apoyo al arzobispo primado.

Meurice vaticinó: «Llegará el día en que tanto dolor y tanto sufrimiento, tanto trabajo, tanto sudor, no serán en vano, darán su fruto y fruto abundante. Y todos podremos gozar de alegría, de paz, de unidad». Y parece que ese día se va acercando.

Misa de exequias

Aquí el texto de la bella carta-invitación de monseñor Dionisio García Ibáñez -actual arzobispo-  al pueblo de Santiago de Cuba para participar en la ceremonia de reinhumación de sus restos, en el marco de una misa de exequias.

Agradecimiento por su vida

CARTA DEL ARZOBISPO DE SANTIAGO DE CUBA CONVOCANDO A LA INHUMACIÓN DE LOS RESTOS DE MONS. PEDRO MEURICE, ARZOBISPO EMÉRITO EN LA CATEDRAL PRIMADA.

Queridos hermanos y hermanas:

Fieles laicos, religiosas y religiosos, sacerdotes, pueblo de Santiago de Cuba y aquellas personas que conocieron y compartieron con nuestro recordado y querido arzobispo Mons. Pedro Claro Meurice Estiú, su preocupación y desvelo por el bien de las almas, de la Iglesia y de Cuba, para comunicarles que el miércoles 12 de julio próximo, a las 6:00 pm se celebrará una misa de exequias y se procederá a reinhumar, en la Santa Basílica Metropolitana Iglesia Catedral de Santiago de Cuba, sus restos mortales.

Recordemos las palabras en la que les daba la triste noticia de su fallecimiento, el día 21 de julio de 2011.

«En medio de la pena por su partida nos invade también el sentimiento de gratitud por haberle conocido y trabajado al lado de él. Fue un sacerdote y obispo digno, hombre de Dios y de Iglesia, de fe y oración intensa, muy cercano a su pueblo con el que quiso compartir su vida. Murió rodeado de cariño, entregándose a Dios al amparo de Ntra. Sra. de la Caridad del Cobre, consciente de que el encuentro con el padre se acercaba».

Estos mismos sentimientos de gratitud y justicia hacen que depositemos sus restos en el Templo Madre de esta Iglesia de Santiago de Cuba, desde donde él nos santificó con los sacramentos, nos iluminó con la Palabra de Dios y nos cuidó y defendió como el rebaño que Dios le había confiado. Esta acción es una manera de hacerlo presente como ejemplo de pastor digno de imitar a las próximas generaciones de cristianos y cubanos.

Les convoco a hacer lo posible para participar comunitariamente en esta Santa Misa, en esta acción de gracias por el don de su vida. En ella le encomendaremos al Señor y pediremos por su familia, por nuestra querida arquidiócesis y por todo nuestro pueblo de que él siempre puso en manos de la Virgen de la Caridad para confiarlo a su Hijo Jesús, como lo expresó en la Plaza Antonio Maceo cuando dirigiéndose a la Virgen dijo: «Y tu nombre será nuestro escudo, nuestro amparo tus gracias serán». Esa es nuestra confianza.

Con mi bendición

+ Mons. Dionisio García Ibáñez

Arzobispo de Santiago de Cuba

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