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Cultura e Historia
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Julia Dempsey: Religiosa franciscana, dio nombre a un nódulo maligno que ella misma descubrió

JULIA DEMPSEY

Clínica Mayo. Rochester (EEUU)

Sandra Ferrer - publicado el 13/06/23

Fue la mano derecha del doctor y fundador de la Clínica Mayo

En 1949 aparecía un manual científico escrito por un médico británico llamado Hamilton Bailey en el que se hablaba de un nódulo cancerígeno. Algo que muy posiblemente pasó desapercibido para el gran público, pero que reconocía a la persona que lo había descubierto. La masa celular llevaba el nombre de “Nódulo de la Hermana María José”.

Esta religiosa no solo hizo este importante descubrimiento para la investigación de células cancerígenas, fue también una de las personas que ayudó a impulsar la prestigiosa Clínica Mayo.

Se llamaba Julia Dempsey y era hija de una familia irlandesa profundamente católica. Su fecha de nacimiento se sitúa el 14 de mayo de 1856. Respecto a su lugar de nacimiento hay dudas sobre si fue en Salamanca, en el estado de Nueva York, o en Rochester, en Minnesota, donde la familia se había trasladado a vivir en aquellos años. Los Dempsey, Patrick y Mary, tuvieron seis hijos.

En 1878, a los veintidós años, Julia siguió los pasos de dos de sus hermanas e ingresó en el convento de las Hermanas de San Francisco de Rochester tomando el nombre de hermana María José.

Como religiosa, la hermana María José se integró rápidamente en la comunidad, dedicada a la oración y a colaborar en el buen funcionamiento de la congregación. Pronto destacó por su gran profesionalidad y capacidad de trabajo y gestión. Dos años después de unirse a las hermanas franciscanas, asumió la responsabilidad de dirigir en Kentucky la Escuela de Misioneras de la Congregación en Ashland.

Mientras, en 1883, un tornado devastador arrasó la ciudad de Rochester y cambió la vida de María José y sus hermanas. Estas salieron del convento para ayudar en lo que hiciera falta y decidieron improvisar un hospital de campaña en el recinto conventual. El proyecto fue todo un éxito y las hermanas se dieron cuenta que era necesario mantener vivo el hospital. En aquella época vivía en Rochester un reputado cirujano, William Worral Mayo, al que propusieron que abanderara su propuesta.

Además de con palabras y compromiso personal, las religiosas aportaron dos mil dólares. En 1889 abría sus puertas el hospital de Saint Mary de Rochester, dirigido por los dos hijos del doctor Mayo, Charles y William. Un mes después de la inauguración del centro, la hermana María José se incorporó al equipo, a pesar de no tener conocimientos de enfermería. María José aprendió rápido, gracias a otras enfermeras como Edith Graham, quien en 1893 se casaría con Charles Mayo.

En pocas semanas, la religiosa alcanzó el rango de enfermera jefe y en un año se encontraba ayudando en las operaciones realizadas por el doctor Mayo. Este encontró en la monja a una de sus mejores asistentes en la sala de operaciones y solo quería trabajar con ella a su lado. Trabajadora incansable, alcanzó el rango de superintendente y supervisó las muchas ampliaciones que vivió el hospital en los siguientes años.

En las muchas horas que pasó junto al doctor Mayo, además de ser un apoyo indispensable, realizando incisiones o cosiendo heridas, la hermana María José no perdía detalle de cada una de las intervenciones en las que participaba. Fue gracias a esta constante observación que descubrió que algunos pacientes con cáncer intraabdominal maligno presentaban un nódulo muy específico en el ombligo. La hermana compartió sus análisis con el doctor quien afirmó que el nódulo tenía relación directa con la expansión de células cancerígenas.

En 1928, William Mayo hizo público el hallazgo, al que bautizó como “pants button umbilicus”. No fue hasta dos décadas después que el doctor Bailey le dio el nombre con el que se conoce en la actualidad y que daba reconocimiento a quien lo había descubierto.
Para entonces, la hermana María José ya había fallecido. Murió el 29 de marzo de 1939.

Tenía ochenta y dos años y seguía trabajando, pues nunca se jubiló. Tampoco nunca exigió honores ni premios a su trabajo, algo que hizo por amor a los demás, cumpliendo con su deseo de ejercer la caridad cristiana. Años después, el edificio original que había sido el germen de la importante institución sanitaria conocida en todo el mundo como Clínica Mayo, fue bautizado con el nombre de Joseph Hospital en honor a esta mujer brillante.

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