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3 claves para entender la «Fratelli Tutti» del Papa Francisco

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Photo by Handout / VATICAN MEDIA / AFP

Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 03/10/22

La última encíclica del Papa Francisco cumple hoy dos años de su publicación

La guerra y los conflictos pesan sobre los hombros de cada persona, pues, no es retórico decir que la paz inicia en cada hogar y en las relaciones sociales cotidianas.

Precisamente, la Encíclica Fratelli Tutti  (publicada en la fiesta de San Francisco de Asís, 4 de octubre 2020) hace un implícito llamamiento para avanzar en la civilización del amor. 

A continuación, presentamos tres claves del documento que se pueden meditar en poco tiempo, y que hacen la diferencia entre vivir amargado, de prisa e indiferente o actuar con amabilidad, salir de la pretensión de creernos justos, para, en cambio, saber escuchar, dialogar, abrazar al otro y construir la amistad social que todos necesitamos (Cap. 6). 

En este sentido, el papa Francisco asegura que «este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos.»

1La amabilidad

La amabilidad es una liberación de la crueldad que a veces penetra las relaciones humanas (224)

Las personas amables son un «milagro», «una estrella en medio de la oscuridad». Son ellas las que cambian el mundo (Encíclica ‘Fratelli Tutti’). 

La encíclica social habla del «milagro de la bondad» y de la «amabilidad» como llave de la fraternidad. Una sonrisa abre puertas impensables. 

«El cultivo de la amabilidad no es un detalle menor […]. Puesto que supone valoración y respeto, cuando se hace cultura en una sociedad transfigura profundamente el estilo de vida, las relaciones sociales, el modo de debatir y de confrontar ideas». 

Además, significa mejorar las relaciones cotidianas, con «sabor a Evangelio» (1). Por ello se inspira en la figura de San Francisco, que «fue un padre fecundo que despertó el sueño de una sociedad fraterna».

La amabilidad también contra el cinismo en las relaciones. En particular, el Papa hace un llamamiento al «milagro de una persona amable«, una actitud que libera de la «crueldad que a veces penetra las relaciones humanas».

Actuar con dulzura, levedad y suavidad libera además «de la ansiedad que no nos deja pensar en los demás, de la urgencia distraída» que prevalecen en los tiempos contemporáneos. 

Una persona amable, escribe Francisco, crea una sana convivencia y abre el camino donde la exasperación destruye los puentes (222-224). 

En este sentido, la amabilidad es «aceptar la diferencia en el otro». El conflicto hace emerger simetrías, diferencias y puntos de vista divergentes. 

La amabilidad ayuda a reconocer al otro, como es y no como quisiéramos que fuera, portador de principios y valores distintos a los míos, sin considerarlo más como un enemigo, y que el otro sea una extensión de mi humanidad. 

La amabilidad también nos ayuda a expresar el perdón y a tender puentes. 

2El diálogo con quien es distinto o piensa distinto

Hoy no suele haber ni tiempo ni energías disponibles para detenerse a tratar bien a los demás, a decir «permiso», «perdón», «gracias»

Del capítulo sexto, «Diálogo y amistad social», surge también el concepto de la vida como «el arte del encuentro» con todos, porque «de todos se puede aprender algo, nadie es inservible» (215). El verdadero diálogo, en efecto, es el que permite respetar el punto de vista del otro, sus intereses legítimos y, sobre todo, la verdad de la dignidad humana.

El ‘otro’ entonces es un universo que se abre con su infinitud delante de nosotros. Lo importante en las relaciones es ser conscientes de lo que sucede dentro de nosotros, siendo trasparentes, auténticos; por el hecho de que la mayor parte de nuestras decisiones dependen de nuestros sentimientos y nuestros afectos.

Solo en virtud del diálogo la persona abandona la pretensión de imponerse sobre los demás, aprende a servirse de la opinión del otro para reconocer los propios límites y así crecer, como invita Francisco. 

El Papa escribe que los derechos no tienen fronteras. Promover la educación para el diálogo con el fin de derrotar al «virus del individualismo radical» (105) y lograr que todos den lo mejor de sí mismos. A partir de la tutela de la familia y del respeto por su «misión educativa primaria e imprescindible» (114).

Una sociedad fraterna se construye, según el Papa con dos ingredientes: «benevolencia», es decir, el deseo concreto del bien del otro (112), y la «solidaridad» que se ocupa de la fragilidad y se expresa en el servicio a las personas y no a las ideologías, luchando contra la pobreza y la desigualdad (115).

3Responder al mal con esperanza concreta  

La amabilidad «facilita la búsqueda de consensos y abre caminos donde la exasperación destruye todos los puentes».

Entonces, se trata de responder al mal con esperanza y testimonio: el del Buen Samaritano. En el segundo capítulo, «Un extraño en el camino», el Papa destaca que, en una sociedad enferma que es «analfabeta» en el cuidado de los débiles (64-65), todos están llamados – al igual que el buen samaritano – a estar cerca del otro (81), superando prejuicios, intereses personales, barreras históricas o culturales.

Todos, de hecho, somos corresponsables en la construcción de una sociedad que sepa incluir, integrar y levantar a los que han caído o están sufriendo (77). El amor construye puentes y estamos «hechos para el amor» (88), añade el Papa, exhortando en particular a los cristianos reconocer a Cristo en el rostro de todos los excluidos (85).

El principio de la capacidad de amar según «una dimensión universal» (83). «Pensar y gestar un mundo abierto»: Además para «salir de nosotros mismos» y encontrar en los demás «un crecimiento de su ser» (88), abriéndonos al prójimo según el dinamismo de la caridad que nos hace tender a la «comunión universal» (95).

Tags:
doctrina socialfraternidadpapa francisco
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